miércoles, 17 de junio de 2020

La mayor verdad.

Dime sólo algunas palabras que puedan dar a entender que piensas en mí. De cualquier forma, en cualquier lugar. Sólo, di algo. Responde con un simple si o no.
Una carta. Una perdida. Un mensaje. Una mirada, o un intercambio de ellas.

Nueva familia, nuevos amigos, nuevos lugares... Pero nada cambia. Todo sigue exactamente igual que ayer. Y que el día anterior. Y el anterior. No veo tu rostro, pero siento tu presencia como si estuvieras justo ahí, con tus ojos clavados en mi nuca. A pesar de que me distancio kilómetros para evitarlo. Así que actúo de la misma forma que los demás, dejandome llevar por el viento. Empecé a preguntarme si sería capaz de anticiparlo. Y, corroida por los arrepentimientos, morí... Morí, pero aun sigo viva.

Se pueden edificar rascacielos. Se pueden canalizar los rayos. Pero aquel sabio tenía razón en una cosa: no se puede dominar el amor. Y ya ves. Una vez más, acabas con el orgullo de la mano que, en tiempos pasados, sostenía otra mano. Mi mano. Tú diste las espalda sin mirar atrás. Yo descarrilé. Tanto, que las pocas personas que de verdad me conocen ni siquiera me reconocían. Creías haber tocado mi corazón, pero lo que trastocaste fue mi cabeza.

Ahora vivo, en lugar de sólo existir. Ahora, construyo mis cimientos en precipicios manchados de problemas, con mis propios escombros. Despertando cada día esperando que sea un día mejor. Con conocidos afirmando ser mis amigos, y con mis amigos mirándome como a una desconocida. Y aún te preguntas si sigo siendo la misma.

Es triste decir que ya nada me entristece. Que para poder seguir sonriendo, me digo a mi misma que podría ser peor. Que las entrevistas de la gente me da dolores de cabeza, así que me voy sin razón alguna. Me voy a donde a nadie le importa un carajo mi vida. Me voy sin mentir, sin preguntarme en qué me convertiré. Y supongo que tú tampoco, pero ha quedado bastante claro que ya pasé mi metamorfosis. Y te doy las gracias por enseñarme la mayor leccion de vida: que no hay peor ciego, que el que se desvía del camino.

domingo, 26 de abril de 2020

Catarsis.

Si no puedes borrar los recuerdos del pasado, olvídalos. Sonríe. Caminar entre la multitud y sentirse vacío no es malo. Tener el corazón roto no es malo. Sentirse muerto no es malo. Está bien, porque el dolor siempre significa algo.

Aunque llores, no cambiará nada; por mucho que quieras que las cosas cambien. Mírame a mí. No soy nada decidida, pero en este momento pongo fin a todas las confusiones. Ya sabes lo que dicen, ¿no? La cabeza es una máquina de crear monstruos. Envuelta en el humo de mi cigarro que flota a mi alrededor, saco toda la resignación de una patada. Me han insultado y golpeado innumerables veces, así que el peso de unas palabras no es suficiente para hundirme. Ni mucho menos para satisfacerme. Ahora necesito hechos. Cojo gasolina, me rodeo de ella y así se que, quien se acerca, lo hace bajo control.

Parece que he llegado a un punto muerto, nada tiene importancia. El pasado, personas, pensamientos, recuerdos... todo es un desorden. El caos total. ¿Acaso ha cambiado algo? Siempre lo hago todo por mí misma, y así seguirá siendo. No hay escapatoria. Este es mi lugar, y no me lo va a arrebatar nadie. Ni yo misma. Voy a desafiar al destino. Voy a volcar mi futuro, que la vida dura un mísero siglo.

Ahora llevo una vida muy egoísta. Justo al igual que tú, ¿a que sí? Un cambio muy congénito. Puedo tener unos 130 millones de complejos de inferioridad. Puedo tener el pasado más traumático que puedas conocer. Puedo estar rota en tantos tozos que sería imposible recomponerme. Pero también estoy harta de estar harta.

Sólo tú sabes quien eres. Pero ni tú misma sabes de lo que eres capaz de conseguir. El pasado puede doler. Pero dime, ¿de verdad vas a dejar que marque tu vida? ¿Vas a seguir parada en ese punto muerto? Yo ya no me paro. Ahora me muevo, sigo avanzando. La clave está en que si no puedes borrarlo, aprendas de él. No te lo tomes como una herida, sino como una lección de vida. Liberate de esa carga. Alcanza tu propia Catarsis.

"Liberación o eliminación de recuerdos que alteran la mente, emociones que provoca una situación trágica".

martes, 21 de abril de 2020

Píntate de guerra.

Una ladrillo atado a tu pierna que te arrastra hacia el vacío. La nave se hunde poco a poco. Piensan que estás loca, pero no saben como se siente. Los recuerdos están a tu alrededor, dando vueltas como buitres. Sólo quieren destruirte. Has llevado mucho tiempo puesta tu máscara de vieja tristeza, y ya es hora de que te la quites ¿no crees? No te conviertas en tus demonios. No dejes que esos carnívoros te digieran. 

Tienes mal comportamiento, sí, pero lo haces de la mejor manera. Dicen que "somos lo que somos", pero no tenemos por qué serlo. No dejes que te definan. No dejes que te digan lo que puedes o no puedes ser. Puede que sean sus heridas, pero son tus suturas. Corre las cortinas oscuras; sustituye el gris de la nubes por un tinte de plata. El tiempo pasa muy lento si esperas que empieze la canción, asi qué baila a solas al ritmo de tu corazón. ¿Acaso no sientes como si nuestro tiempo se agotara?

Sé la arena en el centro del reloj. Sé el perro guardián de sus peores pesadillas. Sé el vigilante de una llama eterna. Que si te encienden una cerilla, tú les metas fuego. Mírate bien, eres un puto ave Fénix. Prende tus llamas y alza tu vuelo. Quema el cielo. Deja tu propia huella. Eres muco más grande de lo que el mundo pueda creer. 

Los que sufrimos tantos ataque al corazón tenemos el poder de recobrar el mundo. Maníaco a maníaco. Podemos ser inmortales, aunque no por mucho tiempo. Ya nos quemaron una vez, y renacimos de nuestras propias cenizas. No pueden con nosotros. Únete a nuestra bandada, y demostrémosles que las aves de fuego sí que existen. El mundo no puede llegar a tu nivel, sólo tienes que salir de tu jaula.

Esta guerra está ganada antes de haber empezado, te lo garantizo. Que si el mundo es un cajero, nosotros vamos a atracar un puto banco. Con máscaras negras. Así que ponte tu pintura de guerra, y que el mundo se rinda ante ti.

jueves, 16 de abril de 2020

Crónicas de una joven suicida.

Sonó el timbre. Ya era la hora del recreo, y subí a la azotea. El viento me daba en la cara. Se respiraba tranquilidad. "Hoy es el día". Sintiendo el cálido suelo en mis pies, recorría la ultima distancia que me separaba de la libertad. Pero, algo inesperado interrumpió mi ultimo momento de paz.

Una chica con el pelo trenzado. Allí estaba, parada. Había llegado antes que yo. "Por favor, no lo hagas", le grité. Por un momento pensé, ¿que acabo de decir? Si de todos modos, no me importa. Incluso me sentí decepcionada; una oportunidad desperdiciada.

La chica de las trenzas me contó sus desastres. "Pensé que él era el único, pero me ha dicho que se acabó". Sentí una patada en el estómago. No pude callarme. "Por el amor de dios, ¿esto es enserio? No puedo creerlo. ¿Por esa estúpida razón has venido antes que yo? ¿Estás enfadada porque no tienes lo que quieres? Al menos no te han engañado, o violado, o algo parecido". Lo sé, sonó con desprecio. "Creo que me siento mejor. Gracias por escucharme", me dijo con una sonrisa. Y la chica de las trenzas, desapareció.

Otro día más; otro intento. Suena el timbre, y subo las escaleras mientras me descalzo. Hoy sí. O eso pensé. Había otra chica, una chica bajita. Allí estaba, antes que yo, agarrada a la baranda. "No lo hagas, por favor", le grité. Y ahí va de nuevo. ¿Que estoy haciendo? No es asunto mío, no me importa. Pero, en cierto modo, sí lo era; era otra oportunidad desperdiciada. "Todo el mundo me hace vacío. Se meten conmigo, me acosan. No encajo con nadie aquí". Eso fue lo que me dijo. Y no, no pude callarme. "Por el amor de dios, ¿esto es enserio? No puedo creerlo. ¿Por esa estúpida razón has venido antes que yo? Incluso si es así, aún tienes a alguien que te quiere en casa. Y una comida preparada en la mesa cuando llegas". La chica me sonrió con una lágrima en la cara y me dijo: "Creo que tengo hambre". Y la chica bajita, desapareció.

Y así, había siempre alguien; cada día. Escuchaba sus demonios, y las hacía darse la vuelta. Y, aun así, no había aparecido nadie que hiciese eso para mí. Por mí. Necesitaba deshacerme de todo.

Hasta que, por primera vez, había alguien con el mismo dolor que yo. Llevaba un jersey negro, y llevaba llena de tiritas lo poco que se veía de sus manos. "Solo quiero que pare el miedo que siento que crece cada vez que llego a casa. Por eso, en lugar de ir a casa, vengo aquí". Eso fue lo que me dijo.

No, no digas nada. No es asunto mio, y no puede importarme menos; pensé. "No lo hagas, por favor", y lo acabé diciendo. Pensé que sería otra más que se daría la vuelta. Pero, no fue así. No podía parar a esa chica, eso era nuevo. Y, por primera vez, creo que mordí más de lo que puedo tragar.
"Aun así, por favor, vete. Tu lamentable expresión de pena es demasiado para mí". No sabía que decir, pero me respondió. "Creo que hoy no es mi día", y sin mirar atrás, pasó tras de mí y desapareció.

Hoy no hay nadie, creo que es mi día. Solo estoy yo, conmigo misma. Nadie puede interrumpir, ni vendrá a persuadirme. Me descalzo, y me acerco al borde. Me suelto mis trenzas, y mi corta estura me hace difícil ponerme tras la baranda. Me quito mi jersey negro. Y, llegó la hora de saltar y ser libre. Pero, en el último momento, algo me sostiene la mano: "No lo hagas, por favor".






miércoles, 8 de abril de 2020

Criptonita.

Sé que no vas a entenderlo; ni pretendo que lo hagas. Sólo podría hacerlo alguien que haya pasado por mi piel, y por eso mismo soy una completa extraña.

Nunca me ha importado nada, ni nadie. Y es normal, ¿no? Siempre he parecido una chica cerrada y depresiva. Si escribiera un libro sobre mí reflejaría que mi vida no ha tenido punto intermedio. Muy trágica, o muy cómica. Parece que soy una escala de grises pero, en realidad, soy transparente. Me gustan los pequeños detalles, esos que nunca se ven.

Si abrieras el armario de mi cocina sabrías que, aún con 26 años, adoro las galletas de dinosaurios y los dulces infantiles. Sobre todo los Kinder sorpresa. Si cogieras mi reproductor de música, entenderías la banda sonora de mi vida; si es que entiendes el inglés. O que soy lo suficiente extraña como para oír música en japonés. Si leyeras mis notas, entenderías todos los gritos que he callado.

Pensaba que siempre sería así, sinceramente. Que era mi destino, o algo a lo que llaman karma por una vida pasada, no sé. Fuera lo que fuese, me había resignado a vivir con mis demonios, a estar rota.

Pero llegaste tú. Jodiendo mi burbuja. Joder, fuiste tan tú que no me dejaste opción, cuando me di cuenta ya habías entrado. Volviéndome loca con tus idas y venidas; sacándome lo que, al parecer, era una sonrisa. Digo al parecer porque, hasta ese momento, no sabía muy bien lo que era. En definitiva, encontré en tí lo que había perdido en mí, en un mundo tan frío y vacío. Me diste el mayor regalo: humanidad. Me has enseñado a sentir, a sentirme viva, a saber que soy humana.Y decían que los héroes no existían.

Empezó como un juego, luego una locura. Y acabaste siendo el veneno y el antídoto; ese barco del que, aunque se hunda, no me bajaría. Eres lo que llamo "mi criptonita". Podría decirte mil cosas, pero ese no es el punto. Con esto solo quiero que entiendas un poco lo que significas para mí. Te garantizo que habrá épocas difíciles, pero también te garantizo que le tiempo que hemos pasado juntos no lo olvidaré nunca; y que si algún día no te pido que seas mio... me arrepentiré durante el resto de mi puta existencia.


lunes, 6 de abril de 2020

Iridiscente.

Dudo que leas esto. La verdad es que me es indiferente. Pero necesito decirlo.

Ni blanco, ni negro; ni siquiera de color de rosa. Mi vida era una escala de grises. A veces, incluso incolora.
Las emociones que sentía se convirtieron en nada. Las rompí de una en una.
La sonrisa que fingía durante tantos años, dolía. Los demonios iban creciendo. Tanto, que me acababan devorando. Y, si fuese cierto, deberías admitir que ni te diste cuenta.

Cada palabra que decías, las cosas que no se veían me mataban un poco mas. No sabías como me sentía por dentro, ni te imaginas cuanto intenté resistir. Intentaba recuperar toda la luz que acabaste quemando.
Mi "yo" se acabó convirtiendo en falso. Mi propia existencia era una mentira.

Que te fueras corriendo y volaras, era un sueño para mí. Pero decidías quedarte. Y eso hacía que mis heridas no sanaran, y mis esperanzas de ser libre se rompieran.

Siempre era igual conmigo. Tan profunda la herida que no cicatrizaba. No le daba tiempo.
Todo lo que veía era que yo me moría lentamente, mientras tú sonreías. Y eso era algo imperdonable, al igual que lo era en lo que me había convertido. Llegué al punto de querer desaparecer. Y podía haberlo hecho; joder, lo intenté mil veces. Pero la idea de irme y perderte de vista para siempre también era falsa. Si intentaba escapar, ahí estabas esperando. No había refugio, ni lugar al que huir.

"Si de verdad piensas que esto está bién, por favor, mátame de una vez. Deja de cortarme y coserme, para volver a cortar en el mismo sitio". Te dije eso mil veces, y creo que nunca lo entendiste.

Hasta que morí. Me desangré. Completamente. Ya no había tortura. No habia vida, no habia emociones. Por haber, llegó un momento en que no habia ni dolor. No sentía nada. Al final, conseguiste matarme. Yo acabé muerta, y tú, querido amigo, fuiste mi asesino.

Libertad. Algo que parecía inalcanzable. No pude derramar lágrimas por los años perdidos, ni por los recuerdos. Solo sentía libertad. Lo que estaba claro era que, después de aquello, el trauma era irreparable. Nadie podía tocarme. Ni abrazarme. Ni besarme. Nada. Contacto físico mínimo. Eso pensaba.

Hasta que, quien menos imaginé, no me dejó caerme. No me dió tiempo para torturarme. Ni para pensar. Ni siquiera permitió que volvieras a joderme la existencia. Me creó un refugio al que escaparme. Y me hizo comprender algo. Que seguía existiendo, que mi esencia no era una mentira, ni mi cuerpo un recipiente vacío. Me enseñó que si no tengo un color definido, es porque soy iridiscente.


domingo, 5 de abril de 2020

Miénteme una vez más.

Una vela se quema completamente, junto a unas cenizas llenas de mentiras. Nuestra vela, nuestras cenizas.

Te di mi alma, y me apuñalaste por la espalda como un cobarde. Me gustaría poder cerrar los ojos y fingir que nunca te encontré.  


Dijiste que estabas ahí para mí, que no me dejarías caer. Pero de todos los momentos que compartimos, ¿realmente estuviste alguna vez?

Te rendiste y huiste como el cobarde que eres, a millas de distancia. Confié en tí, y justo cuando bajé la guardia me dejaste rota y traicionada. La misma historia de siempre. 


No hay sitio al que huir ni esconderse. A ti te asusta la verdad, y yo estoy cansada de las  mentiras. Especialmente de las tuyas.

Al final, acabé descubriendo que no eres ningún héroe. 

No actúes como un ángel, porque volverás a caerte. 


Así que, miénteme una vez más y dime que todo está bien si te atreves. Porque, estoy donde tú quieres estar. Porque soy lo que tú quieres ser. Así que dime, ¿quién perdió realmente?

Miénteme una vez más si es que puedes. Pero antes, pregúntate, ¿realmente te mereció la pena?