Sonó el timbre. Ya era la hora del recreo, y subí a la azotea. El viento me daba en la cara. Se respiraba tranquilidad. "Hoy es el día". Sintiendo el cálido suelo en mis pies, recorría la ultima distancia que me separaba de la libertad. Pero, algo inesperado interrumpió mi ultimo momento de paz.
Una chica con el pelo trenzado. Allí estaba, parada. Había llegado antes que yo. "Por favor, no lo hagas", le grité. Por un momento pensé, ¿que acabo de decir? Si de todos modos, no me importa. Incluso me sentí decepcionada; una oportunidad desperdiciada.
La chica de las trenzas me contó sus desastres. "Pensé que él era el único, pero me ha dicho que se acabó". Sentí una patada en el estómago. No pude callarme. "Por el amor de dios, ¿esto es enserio? No puedo creerlo. ¿Por esa estúpida razón has venido antes que yo? ¿Estás enfadada porque no tienes lo que quieres? Al menos no te han engañado, o violado, o algo parecido". Lo sé, sonó con desprecio. "Creo que me siento mejor. Gracias por escucharme", me dijo con una sonrisa. Y la chica de las trenzas, desapareció.
Otro día más; otro intento. Suena el timbre, y subo las escaleras mientras me descalzo. Hoy sí. O eso pensé. Había otra chica, una chica bajita. Allí estaba, antes que yo, agarrada a la baranda. "No lo hagas, por favor", le grité. Y ahí va de nuevo. ¿Que estoy haciendo? No es asunto mío, no me importa. Pero, en cierto modo, sí lo era; era otra oportunidad desperdiciada. "Todo el mundo me hace vacío. Se meten conmigo, me acosan. No encajo con nadie aquí". Eso fue lo que me dijo. Y no, no pude callarme. "Por el amor de dios, ¿esto es enserio? No puedo creerlo. ¿Por esa estúpida razón has venido antes que yo? Incluso si es así, aún tienes a alguien que te quiere en casa. Y una comida preparada en la mesa cuando llegas". La chica me sonrió con una lágrima en la cara y me dijo: "Creo que tengo hambre". Y la chica bajita, desapareció.
Y así, había siempre alguien; cada día. Escuchaba sus demonios, y las hacía darse la vuelta. Y, aun así, no había aparecido nadie que hiciese eso para mí. Por mí. Necesitaba deshacerme de todo.
Hasta que, por primera vez, había alguien con el mismo dolor que yo. Llevaba un jersey negro, y llevaba llena de tiritas lo poco que se veía de sus manos. "Solo quiero que pare el miedo que siento que crece cada vez que llego a casa. Por eso, en lugar de ir a casa, vengo aquí". Eso fue lo que me dijo.
No, no digas nada. No es asunto mio, y no puede importarme menos; pensé. "No lo hagas, por favor", y lo acabé diciendo. Pensé que sería otra más que se daría la vuelta. Pero, no fue así. No podía parar a esa chica, eso era nuevo. Y, por primera vez, creo que mordí más de lo que puedo tragar.
"Aun así, por favor, vete. Tu lamentable expresión de pena es demasiado para mí". No sabía que decir, pero me respondió. "Creo que hoy no es mi día", y sin mirar atrás, pasó tras de mí y desapareció.
Hoy no hay nadie, creo que es mi día. Solo estoy yo, conmigo misma. Nadie puede interrumpir, ni vendrá a persuadirme. Me descalzo, y me acerco al borde. Me suelto mis trenzas, y mi corta estura me hace difícil ponerme tras la baranda. Me quito mi jersey negro. Y, llegó la hora de saltar y ser libre. Pero, en el último momento, algo me sostiene la mano: "No lo hagas, por favor".
No hay comentarios:
Publicar un comentario