Otra noche más. Las nubes cubren suavemente la luz de la luna, pintándola pacíficamente de negro. Otro sueño que desaparece, sin emitir sonido alguno, como un pequeño fragmento de tu alma.
Y no hay nada que se pueda hacer.
La nieve teñida de un blanco puro pinta el mundo. El sonido del viento golpea los cristales de la ventana. Y otro sueño más desaparece, en las huellas de los días pasados. Sin importar cuanto estires los brazos, no logras alcanzarlo.
Así te vas perdiendo, poco a poco, fragmento a fragmento. Como si de un cristal roto se tratase; que cada vez que lo recompones, falta una pieza que no se recupera.
Pero sigues viva. No escondas las lágrimas, llegando a ese punto de desesperación que se repite. Sin importar cuantos sueños desaparezcan por tu ventana, día tras día, paisaje a paisaje. Sigues viva. Incluso si se te marchita el corazón y gritas desgarrando lo que queda de tu alma; frente a ti seguro que hay algo de esperanza. Sigues viva.
Y si me preguntas que hasta qué punto se extiende esa desesperación, sigo sin tener la respuesta. Sólo puedo decir que continúes. Que sigues viva.
Incluso si pierdes todos los fragmentos que te quedan, continúa.
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