Esa sensación de aire que te oprime el pecho y te hace sentir que tu caja torácica no tiene espacio suficiente. Porque tienes demasiado corazón para un espacio tan pequeño; o porque tienes un hueco dentro en el que falta precisamente eso.
Muerte en vida, lo llaman.
Entras en el baño. Cierras la puerta. Pones en tu reproductor la banda sonora de tu vida y te miras fijamente al espejo, sin perder de vista ni un solo segundo tus pupilas. Recordando día tras día todo lo que has pasado. No para torturarte, sino para no olvidarlo, para no olvidar quién eres. Intentando derramar menos lágrimas cada vez que lo repites. Y duele, sí, pero así sabes que no estas totalmente muerta en vida. Sabes que aún eres capaz de sentir algo.
Te metes en la ducha y las lágrimas salen solas. Y no por débil, no por depresivo. Por terapia. ¿Por qué en la ducha? Siempre bajo el agua, porque nadie distingue cuando llora Neptuno.
Vuelves a reproducir tu banda sonora. Te vuelves a mirar al espejo mientras resuena en tus oídos. Pero esta vez con la cabeza alta, recordando que eres más fuerte y con cierto aire de superioridad. Porque es así. Porque eres así. Invencible. Lo que no te mata, te hace más cabrona.
Y sigues con tu vida. Día sí y día también. Y no es arrepentirse o martirizarse por el pasado. No es tortura. Es aprender a convivir con él. Autoterapia lo llamo yo. Porque es demasiado personal e incomprensible para hablarlo con los demás.
Y así, es como te proteges.
lunes, 30 de marzo de 2020
domingo, 29 de marzo de 2020
La mejor parte de mí.
A veces pienso que estoy loca, u obsesionada incluso.
Le doy mil vueltas, reproduciendo la misma situación en mi cabeza alterando una y otra vez el escenario. Pero siempre el mismo fin. Supongo que me preparo para que el porrazo no sea tan fuerte; en caso de que me caiga, claro.
Aunque una parte de mi tiene miedo siempre, constantemente, la otra confía en que todo estará bien. El mismo conflicto interno de siempre de una chica atormentada por los escarmientos de la vida; por haber confiado y caído al más profundo abismo.
Pero, ¿qué me has hecho? Ni yo misma sé que clase de brujería es esta. Juro que en mi vida había sentido algo así. Y me acojona. Joder si me acojona. Pero, a pesar de ello, necesario. Porque me has enseñado cosas de mí que ni yo misma conocía. Y eso que nunca vas a entender los demonios con los que convivo. Pero, aun así, los aceptas.
Y eso, amigo mío, vale más que cualquier palabrería romántica y bonita. Supongo que es eso, la transparencia. El no decirme lo perfecta que soy, sino lo jodidamente imperfecta que me ves.
Sé que no soy suficiente, nunca lo es. Pero intento demostrar lo que me diferencia de las demá. Y es que te he dado el poder de autodestruirme, sin ningún tipo de seguro. Porque, si me haces caer, será tan alto que me mataré en la caída; pero me da igual. Igualmente, llegados a este punto, no me arrepentiría. Porque tú has sido mi mejor tropiezo, mi más bonita casualidad.
Joder, eres la mejor parte de mí.
Le doy mil vueltas, reproduciendo la misma situación en mi cabeza alterando una y otra vez el escenario. Pero siempre el mismo fin. Supongo que me preparo para que el porrazo no sea tan fuerte; en caso de que me caiga, claro.
Aunque una parte de mi tiene miedo siempre, constantemente, la otra confía en que todo estará bien. El mismo conflicto interno de siempre de una chica atormentada por los escarmientos de la vida; por haber confiado y caído al más profundo abismo.
Pero, ¿qué me has hecho? Ni yo misma sé que clase de brujería es esta. Juro que en mi vida había sentido algo así. Y me acojona. Joder si me acojona. Pero, a pesar de ello, necesario. Porque me has enseñado cosas de mí que ni yo misma conocía. Y eso que nunca vas a entender los demonios con los que convivo. Pero, aun así, los aceptas.
Y eso, amigo mío, vale más que cualquier palabrería romántica y bonita. Supongo que es eso, la transparencia. El no decirme lo perfecta que soy, sino lo jodidamente imperfecta que me ves.
Sé que no soy suficiente, nunca lo es. Pero intento demostrar lo que me diferencia de las demá. Y es que te he dado el poder de autodestruirme, sin ningún tipo de seguro. Porque, si me haces caer, será tan alto que me mataré en la caída; pero me da igual. Igualmente, llegados a este punto, no me arrepentiría. Porque tú has sido mi mejor tropiezo, mi más bonita casualidad.
Joder, eres la mejor parte de mí.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)