A veces pienso que estoy loca, u obsesionada incluso.
Le doy mil vueltas, reproduciendo la misma situación en mi cabeza alterando una y otra vez el escenario. Pero siempre el mismo fin. Supongo que me preparo para que el porrazo no sea tan fuerte; en caso de que me caiga, claro.
Aunque una parte de mi tiene miedo siempre, constantemente, la otra confía en que todo estará bien. El mismo conflicto interno de siempre de una chica atormentada por los escarmientos de la vida; por haber confiado y caído al más profundo abismo.
Pero, ¿qué me has hecho? Ni yo misma sé que clase de brujería es esta. Juro que en mi vida había sentido algo así. Y me acojona. Joder si me acojona. Pero, a pesar de ello, necesario. Porque me has enseñado cosas de mí que ni yo misma conocía. Y eso que nunca vas a entender los demonios con los que convivo. Pero, aun así, los aceptas.
Y eso, amigo mío, vale más que cualquier palabrería romántica y bonita. Supongo que es eso, la transparencia. El no decirme lo perfecta que soy, sino lo jodidamente imperfecta que me ves.
Sé que no soy suficiente, nunca lo es. Pero intento demostrar lo que me diferencia de las demá. Y es que te he dado el poder de autodestruirme, sin ningún tipo de seguro. Porque, si me haces caer, será tan alto que me mataré en la caída; pero me da igual. Igualmente, llegados a este punto, no me arrepentiría. Porque tú has sido mi mejor tropiezo, mi más bonita casualidad.
Joder, eres la mejor parte de mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario