martes, 4 de junio de 2013

En el amor y en la muerte, todos estamos ciegos.

Había lugares a los que solía ir a media noche; secretos que nadie sabía… Parece como si todo a mi alrededor fuese igual, como si nada hubiese cambiado. Excepto que ya no sueño.
   Yo era la única que te hacia reír, que te hacia sentir, que nunca te hizo sufrir… Y no me arrepentí  de lo que hicimos, ni de lo que fuimos; porque había razones, muchas razones.
   Si de verdad yo era tan especial dime, ¿quién es ella? ¿de donde es? ¿ella también es única? No puede ser esa misma que esta en mi mundo, mi día, mi noche… viviendo mi vida.
   Pensé que había motivos, pero no se porqué pensé que eras para mí.

   Ahora se que nada fue así. Y es que vemos la vida evadidos de a realidad, viendo el mundo con unas gafas de color de rosa; y es que en el amor y en a muerte todos estamos ciegos. Pero, cuando mueres… es a ti a quien ven con esas mismas gafas, entonces se dan cuenta de que eras inigualable. 
   Y yo no voy a esperar ese momento para que asi sea. 

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